Rosa María Payá, activista de origen cubano y actual comisionada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ha realizado visitas de carácter no institucional a México. Estos viajes, que no fueron reportados como misiones oficiales por la CIDH, incluyeron encuentros con figuras de la derecha local y la participación en foros privados, generando cuestionamientos sobre su neutralidad diplomática.
Participación en foros y vínculos empresariales
El pasado 22 de enero, Payá participó en el foro “Cuba y América Latina, seis décadas de autoritarismo”, evento realizado en la Ciudad de México.
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Auspiciantes: El encuentro fue organizado por la Universidad de la Libertad y el Centro Ricardo Salinas Pliego.
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Contexto clave: La presencia de Payá coincide con la denuncia que Salinas Pliego presentó ante la CIDH contra el Estado mexicano por presunta persecución política y fiscal.
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Discurso: Durante su charla “La esperanza de la democracia”, Payá cuestionó al gobierno cubano y proyectos regionales como el Foro de Sao Paulo.
Estatus diplomático e independencia
Payá asumió su cargo en la CIDH el 1 de enero de 2026, tras una candidatura impulsada por el Departamento de Estado de EE. UU. durante la administración de Donald Trump.
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Inmunidades: Se desconoce si ingresó a México como turista o haciendo uso de sus privilegios como agente diplomático internacional.
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Conflicto de interés: El Panel Independiente de Evaluación ya había expresado preocupación por su vínculo con organizaciones civiles, lo que podría comprometer la apariencia de independencia necesaria para su cargo en la OEA.
| Aspecto | Detalles |
| Cargo actual | Miembro independiente de la CIDH (7 integrantes totales). |
| Origen | Ciudadana estadounidense nacida en Cuba. |
| Vínculos políticos | Cercana a figuras como Donald Trump y Marco Rubio. |
| Actividad reciente | Participación en foros anticastristas y apoyo a María Corina Machado. |
Activismo internacional
Además de sus actividades en México, Payá ha mantenido una agenda pública intensa que incluye conferencias en Washington, donde ha calificado a Cuba como un “Estado terrorista”, y viajes a Oslo para acompañar a figuras de la oposición venezolana. Estas acciones han provocado que el gobierno de México, a través de la presidencia, cuestione su papel como funcionaria de un organismo que debe atender denuncias de derechos humanos con imparcialidad.

















